martes, 20 de noviembre de 2012

A Juan Sánchez Lamouth, Domingo 17 de noviembre, 2012


AL PIE DE UNA TUMBA

A Juan Sánchez Lamouth, Domingo 17 de noviembre, 2012
(Por conmemorarse el 44 aniversario de su muerte…)
Por Sol Lora.


Allí estaba yo, frente a la tumba de un desconocido… Sí, es cierto, cuando te ibas del mundo, yo apenas daba las primeras zancadas para abrirme en pos a él… Y sin embargo, heme allí, sentada frente a la fosa que resguarda tus restos, sobre el murillo de otra tumba cualquiera, rindiendo honor a un poeta al que nunca acariciaron mis ojos;
 abriéndome a un poema de llanto y de tierra que duele…, porque eso eres, Juan Sánchez Lamouth, un hermoso poema viviente y vivificador, que se siente y que palpita, que resucita en cada uno de tus versos, y nos das de comer, abundante, los bosques de tus palabras que saben a pueblo: ‘’El misterio está aquí, crecido en sus constantes variaciones porque en su estar corroboran las aves, con la fruta insegura del pan nuestro’’…



Y ya yo, ni otros, ni aquellos que se envuelven en las alas de tu verso, podemos ser extraños, o negarnos este vínculo trascendente que nos ensoga el alma y nos desata de la tierra, ‘’los poemas son los únicos que no pertenecen a la tierra. Hay días que parecen hechos de llantos, en que la alegría tiene la forma de una tumba’’, son tus palabras que hoy repiten mis labios para evocar pinceladas de aquella tarde de procesión y alegría frente a tu tumba, dándonos cita cual ángeles, ‘’y es casi nada, porque hay ángeles que podan a la tierra sus ramos de dulzura.



Una tarde dulce miel de canto de sinsonte, tus cantos; de vino, para saborear de tu aliento; de viento, para sacudir las muchas voces tu voz en el eco del tiempo, y unir a retazos un solo poema, los fragmentos de tu alma…



¿Dónde está tu tumba, si estamos contigo? ¿En qué villa, en qué aldea, en que ciudad de mi tierra? ¿En qué piel te descalzas para abrirte un lecho? ¿En qué niño sin sonrisa y con hambre se pronuncia tu cuerpo?




No, no has muerto, aun quedas en nosotros, y en los otros que llegarán a tu encuentro, para lamer las heridas de tu rostro y escudar tu espalda de alfileres que pretendan enclavar los que jamás podrán negarte la grandeza, intentando hundir el diente sobre uno sólo de tus versos; no podrán morirte entre las sombras del olvido, esos que nunca sospecharon que tu verso estaría más allá de lo palpable… Un poema grande no sucumbe a los infieles, se engrandece tras la muerte, ¡y se convierte para siempre en una estela…!
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario