viernes, 15 de febrero de 2013

¿Es Dios nuestro homicida? Vs. El rostro: ¿espejo del suicidio?


¿Es Dios nuestro homicida? Vs. El rostro: ¿espejo del suicidio?

Comentario sobre dos artículos de R.a. Ramirez-Baez.

Por Sol Lora.


¿Es Dios nuestro homicida? Vs. El rostro: ¿espejo del suicidio? Planteamientos que por separado nos hace su autor R.a. Ramirez-Baez, desde una perspectiva que intenta observar la situación por la que atraviesa un abúlico (a= sin, boilé= voluntad e ikos=relativo a, se refiere a alguien desengañado), y que busca elementos de juicio, o quizás sólo pretextos, para alcanzar el grado que lo eleve a lo que es señalado en estos dos artículos como ‘’la obra maestra: El suicidio’’, idea que prevalece en ambos textos.

‘’Nadie como el suicida tiene más excusas a la mano’’, definitivamente el autor se apoya en los motivos de segundos para esclarecer sus ideas, o bien reafirmar la propia excusa que pudiera haber tenido un suicida al concluir el acto de quitarse la vida por propia voluntad.

‘’Pienso que toda muerte es un homicidio’’, la voz de Ramírez esta vez nos habla por ella misma, su pensamiento, sustentado en lo expreso de que ‘’el homicida por excelencia es Dios’’, lo cual deja alguna laguna que presiento el autor debió extender sobre ese punto, y que quizás pudo haber ejemplificado basándose en la tipicidad penal que encuadra la conducta humana desde la ley, y que describe al homicidio como el que mata a otro; o bien, entre la cara subjetiva del tipo, el dolo, que es la voluntad consciente y contraria a la ley penal; todo ello enlazando la figura de Dios, y citando algunos pasajes bíblicos que corroboren las veces en que fue tomada la vida del hombre, bajo mandato divino; ésto como posible idea que pueda haber tenido el autor, y que no le toca al lector agregar.

Por otro lado, continúa diciendo que descarta la muerte natural, basándose en el argumento de que la misma existencia de la muerte, involucra el dominio de un suicida. Entiendo por suicida al acto de quitarse deliberadamente la propia vida, y que traslada directamente al homicida en posición de criminal. Para que el acto sea considerado un suicidio debe haber prueba de intención de morir. El efecto de trastornos psiquiátricos, acompañados por depresión o ansiedad, son tomados en cuenta durante la ponencia de Ramírez, para llegar a una conclusión de que la lucha interna (el Yo y el otro), resulta el catalizador que culmina en un abúlico a acometer el crimen.

Una primera lectura que remata en el veredicto incierto de un poeta homicida, y que aunque bien me deje con algunos puntos en suspensivo, no deja de ser encantadora.

¿Será que el oído sea la cuna del alma, o el túnel de salida o quizás la eyaculación post morten lo sea? Discutir con un abúlico que considere el suicidio una obra maestra, merece algunos riesgos e inclusive algunas divagaciones, pero estos cuestionamientos los dejaré revolotear en mis adentros.

En la segunda lectura, entiéndase ‘’El rostro: ¿espejo del suicidio?’’, su autor se traslada a la cara del suicida como primer protagonista, no sin antes mencionar un segundo actor que dará cierta gracia al objetivo de este juego abúlico, que contrariamente al concepto, hace que el lector aumente su motivación, no ya al suicidio, pero sí a intentar desenmarañar las intenciones del ponente. .

El ojo pasa a ser visto sobre una nueva perspectivas, ‘’fuera de la conjura del rostro humano'', ''Y, el rostro no es más que el delta donde el ojo honra el merito de lo superficial; salta de una órbita, sin atesorar los huecos del alma''. Sobre éste ángulo podemos apreciar que no se habla de la superficialidad del suicida, simplemente de lo frívolo que pueda traer la apreciación de un rostro, visto por diferentes ojos, y al que no le conocemos los huecos del alma.

R.a. Ramirez-Baez plantea cómo la realidad actúa de manera subjetiva desde la vista que la considera. Nos ejemplifica, trayendo la cara de ‘’El Suicidio de Lucrecia’’, versión del pintor francés Jean Francois de Troy, y nos señala que la obra NO recuerda la verdadera tragedia, acentuando que dicha pintura, intenta proyectarse como ''La obra sensual por excelencia’’, en la que nos muestran ‘’unos hermosos senos apuntados por un cuchillo afilado y largo como un falo, listo para penetrar un pecho terso y tibio’’, ‘’Una mujer desnuda que se entrega al juego predilecto del juicio’’, toda una imagen verdaderamente seductora que sin duda es la óptica que nos plantea el pintor, para que interpretemos su visión derramada sobre la tela, y no la del escritor de este texto, que aunque vale señalar tiene una certera apreciación sobre las artes plásticas y la poesía que ellas encierran.


Imagen de pintura: El suicidio de Lucrecia por Jean Francois de Troy.


''Atribúyase al ojo la pasión por lo sensual, la voluptuosidad con que intenta llenar con apuro los huecos del alma.'' El ojo es quien intenta llenar los huecos del alma, los ojos que miran son los que se llenan de vanidad, su aliada ''que ajusta la falsa creencia de verlo todo...''

Retomando que el objetivo final del texto será siempre el rostro: '' un mundo fuera de ese Otro ojo que alquila un espacio en el más enigmático edificio del cuerpo: el rostro''. Todo un trayecto coherente en una segunda posición del autor frente a la primera, en la que claramente antagonizan dos ojos: El ojo místico que sitúa a un poeta fuera del entorno de la realidad que le rodea Versus el ojo que nos sirve para mirar e interpretar el mundo de esos otros ojos que no vemos, pero que irremediablemente presentimos que lleva el alma.

Sol Lora.


Adjunto: ¿Es Dios nuestro homicida? y El rostro: ¿espejo del suicidio? Por R.a. Ramirez-Baez

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