miércoles, 7 de agosto de 2013

LA SERPIENTE Y EL RATÓN QUE SALIERON AL TEMPLO


LA SERPIENTE Y EL RATÓN QUE SALIERON AL TEMPLO

Por Sol Lora.




Dicen que cuando sueñas puedes palpar con alas un universo ilimitado, existente en algún lugar del pensamiento. Por cuanto érase una vez, en un planeta llamado Tierra, ¡tan animal y distinto!, libre de discriminaciones y frivolidades…


En medio de un mundo en el que el rastro de cualquier especie era medido por la lógica de su pletórico raciocinio, la felicidad cabalgaba en su trote tranquilo por los sentidos. No existía codicia entre los nativos del lugar, y la vida reposaba en completa armonía; los cielos fecundaban manojos de trigo risueño, sembrados en cada rincón de almas azules en su paz.


Regocijados en sus viviendas, los habitantes habían superado los encauzamientos de la especie humana y daban cátedras maestras de sus saberes y andanzas (lo humano tenía inscrito una lápida bajo el fallecimiento de su propia ignorancia). 


Era la era de ‘’la raza animal’’, pura, vivificante, cortés, conciliadora; libre y conforme de respetar a cada ente como vital y relevante; la voz de una hormiga era honrada de la misma manera que la de un león, el hombre u otra criatura de aquel universo perfecto.


El Templo era un lugar paradisiaco, una especie de palacio con estilos combinados de arquitectura persa, india e islámica; muy parecido al Taj Mahal; de hecho el cerco donde los pensadores se reunían a debatir sus visiones del mundo o bien a ampliar las ya adquiridas en sus quehaceres, escuchando las ponencias de sus simultáneos que planteaban sus diferentes y pintorescas trayectorias de vida. 


Un día coincidieron en aquel templo de la sabiduría, un ratón y una serpiente. La serpiente, cuya especie era considerada de las mas eruditas del lugar (un símil entre el Dios Shivá del hinduismo), poseía el atributo de un tercer ojo que marcaba su frente, y mediante el cual podía ver más allá de lo evidente. 


‘’La Lumbrera’’ ( era el sobrenombre por el que todos solían llamar a la serpiente), llevaba colgada del cuello un cordón ataviado con un ágata (piedra de las ciencias y las curaciones), y claro está que este animal había evolucionado de una manera tal que caminaba sobre sus dos pequeñas patas, haciéndose lucir erguida y solemne, mientras daba sus acostumbrados paseos por la tribuna, comentando alguna de sus ocurrencias:


- Intento operarme para ponerme patas de carnero, pero no me lo cubre la Seguridad Social.- 


Decía la serpiente , mientras se abanicaba con el New York Times del día, tratando de disipar el fastidioso calor que la hacía chorrear un constante sudor acuoso por la piel de escamas verde y dorada , se notaba impaciente.


Una voz se dejó escuchar en respuesta al comentario de la serpiente, e iba cargada con cierta chispa de humor que se elevaba entre el murmullo de los demás reunidos:



-¿y para que quieres las patas, si ya te quedan maravillosos los cuernos?-



Era la particular osadía en la voz del ratón, perteneciente al género de roedores mamíferos, muy numerosos entre los que pululaban los alrededores. Por supuesto que éste ratón, en aquel templo, era una figura sin igual; preponderante y especial, el paladín de sus familias y demandante en representación de su especie. 


Astuto e inteligente, el ratón había ganado uno de los primeros puestos entre los más prestigiosos conferencistas, por su capacidad de sacar el mayor partido a cualquier situación que enfrentase. Su encanto solía dejar maravillados a todos los que le escuchaban. Definitivamente un líder, y no solo de su especie, de todos los pobladores en muchas cuadras a la redonda. Claro que a veces resultaba pretencioso, por lo que no era extraño verle discutir en ocasiones con su estimada amiga, la altiva serpiente…


-Creo que te fascina verme en acción, de eso se trata todo.... ¿O no es así, estimado roedor? No olvides que al igual que tu, ¡soy de un tipo muy especial!- Agregaba vanidosa la serpiente.


- Bueno, sin discusiones, a nuestros asuntos…- 


Decía el ratón, mientras cuestionaba inmediatamente a su interlocutora: 


-Vamos a ver, querida mía, ¿qué tienes para ofrecernos en el día de hoy?, y si es que puedes dejar tranquilo el periódico y mandarlo a una esquina, cuéntanos... –


Habían momentos en que nuestra amiga serpiente hubiese querido dejar rienda suelta sus instintos y engullir de un bocado a su impertinente camarada, sin embargo eran otros cuentos, y ahora debía ir derecho al grano:


- Bien, bien, bien… Durante la jornada he aprendido que cuando deseas poseer la esencia de un conocimiento, debes rodearlo, acorralarlo, mirarlo esencialmente a los ojos hasta hipnotizar sus suspiros, apoderarte de su debilidad, para luego y de una única y total mordida, embuchar la presa y hacerla tuya para siempre… De tal manera toda la esencia de un saber quedará atrapada por siempre en tus entrañas-


-¡Uy, uy, uy!- 


Exclamaba el ratón un tanto desconcertado y a la vez burlón. 


- Ah ya deja de intentar desestimar lo que en el camino vengo cosechando. Tanto presumes, veremos que nos cuentas tú, si es que acaso puedes superar mis expectativas…- 


Retaba la serpiente al ratón, con una sonrisa que dejaba traslucir su lengua de víbora hambrienta.


- ¡Tranquila, hermosa dama! Ya te daré la respuesta que anhelas. No desesperes- 


Y encendía un cigarrillo, a la vez que tomaba una larga calada. Con calma extrema, esparcía una humareda casi en la cara de la serpiente…


Continuaba su ponencia, el ratón, bajo la mirada lacrimosa de la serpiente, producto del contacto de sus ojos con el humo:


- Paseando por las veredas de orbes diferentes, encontré un sitio en el que los pobladores eran todos del género humano. ¡Hombres, mujeres, niños! Todos vestidos con atuendos a los que definían como ‘’modas’’. –


-Sorprendido, me daba cuenta que una de las prioridades de aquellos seres, era la de acumular. Acumulaban dinero, por el que trabajaban sin parar y sin aliento, y la manera en pago con la que lograban adquirir más y más de todo aquello que coleccionaban, y que nunca satisfacía su impetuosa necesidad . –


-Bien debo decir que habían de ellos quienes fueran tan ilustres como nosotros, pero descansaban en una simple minoría; allí a nadie le preocupaba de vivir en comunión con los demás, ni satisfacer ansias de aprendizaje o búsqueda de plenitud y armonía; más bien creo que mientras menos se interesaran en los demás , menor era el riesgo a compartir lo que acumulaban. 


- En mi deseo por adquirir conciencia de aquella casta, decidí vivir por un tiempo entre ellos, me alimentaba de sus pasos; por las noches y mientras se entregaban al sueño, solía soplarle a los pies y morder sus trozos de carne, sin siquiera ser presentido, me robustecía de sus esencias, de su sangre; era tan simple como soplar y roer. –


- Finalmente llegué a la conclusión de que para poseer la esencia de un conocimiento, debes soplar y roer, roer y soplar, pero perseverando la vida, así y sólo así podemos alimentar la sed del espíritu hasta evolucionar. Observando de cerca, sin siquiera causar estragos. Silenciosamente puedes escuchar la voz de cuanto te rodea, ver y aprender de todo lo que es esencial para trascender.-


Terminaba el ratón su discurso, mientras la serpiente se admiraba de aquellas sabias palabras… Y en ese preciso instante, una nueva voz se alzaba. La serpiente vio salir de su boca palabras del ratón, y ya no eran ni ratón ni serpiente, eran un mismo SER convertido en UNO....


FIN...


¡Bueno, bueno, bueno...! La situación es o fue, o será distinta... En este planeta al que abren mis ojos, la Tierra, lugar en el que muchos ratones son tragados por serpientes, y algunas ratas roen pies de muchos, de manera tal que en el preciso momento de la mordida pasan inadvertidos por quienes duermen, es muy seguro que de inmediato le venga una gangrena, una fiebre de Haverhill, la rabia u otra patética manifestación de inutilidad que lo ultraje...



- Uf, ha de ser por eso que hoy amanecen mis sábanas enrojecidas, mientras la fiebre hace que alucine… -


!Claro que hay serpientes parlanchinas! Yo misma soy serpiente en el horóscopo chino y tengo un amigo poeta que casualmente perdió los horóscopos en una partida de póquer en La Habana, mientras el muy cretino guiñaba los ojos a una negra que fumaba de unos cigarros enormes; la muy gitana pretendía leerle los pliegues... 


Entretanto, una rata lloraba su mala racha...





08 de agosto, 2013.-





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