lunes, 23 de septiembre de 2013

RUTINA DE CAFÉ



RUTINA DE CAFÉ

Sol Lora


Me despertó su aroma estimulante a vapor del café recién colado; a chorro sobre tazón negro colocado justo a la izquierda de la estufa, a lámpara de Aladino dominicana y confiada de su baño frotador, caliente y matutino que pretende derramarse con su perfume de hombre de misterios para llegar a posar arrullo en una virgen y descorrer los mantos de la noche que se acaba. .

Aquella, su voz tentadora, se filtraba por los cuatro costados de las paredes que componen mi habitación, su eco incitante al olfato que reconocería aun en estado de sinusitis aguda. El toque de diana que invita a un vals rumbo al sol y que casualmente me hacía recordar una y otra vez que estaba viva… ¡Olor a café dominicano! ¡Sangre y tierra de esta tierra!

¿Viva?- ¡Viva! Casi dudo un instante, empero el expresivo tono de su olor a grano molido que bracea contra el agua hirviendo, y que espera ansioso caer entre el pozuelo para remolinarse a toques de cuchara con azúcar, en brebaje de pasiones, ratificaba la certeza de esta historia. 

Renovada en mis instintos, miré por debajo de las arrugas aglutinadas en mis sábanas y pude comprobar el esbozo suave de mis vergüenzas, aun latían satisfactoriamente ante su nueva propuesta de aurora. Al parecer todo permanecía en orden. Quedaba descuajarme de la almohada, desprender de su beso cautivante a mi mejilla, y por afición elevarme de otra muerte interrumpida…

Comenzar de cero la jornada (siempre cero por si acaso ayer solo soñaba). Incliné mi cuerpo sobre el lecho, descolgué las piernas hasta encontrar dos pies con dos sandalias, y aun con la cara sin lavar caminé somnolienta a la cocina, donde una greca esperaba ansiosa para darme el buenos días de arregosto.





23 de septiembre, 2013.

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