martes, 24 de junio de 2014

SIN DUDA ALGUNA, EMIGRANTE


SIN DUDA ALGUNA, EMIGRANTE

Por Sol Lora 

Si vas a alguna parte 
y ves a un hombre que camina presuroso,
bolsa en mano, con ticher y pantalón vaquero, 
muy lavado,
sin duda alguna: ¡Un emigrante!

Te dice un Hola, mientras te lee una sonrisa,
mira cabo a rabo tu postura
y hasta la mugre en una uña.
Observa con ojos grandes de edificio,
saca el teléfono móvil y toma cinco fotos a lo mismo… 

El emigrante, a paso de extraviado,
da dos vueltas a la manzana,
acelera el pulso y el respiro;
al regreso, donde en ocho veces ya ha llegado,
le sigue entre los labios un tremendo sabor a extraño…

La camisa aún con la etiqueta,
el peinado original y aquellos aires,
destemplado en la mirada va al asombro…
El emigrante tiene la pisada larga
y unas manos trasnochadas de faena,
corre pronto a la estación enhorabuena,
donde agrieta la señal y la existencia.

Si alguien sigue, por curioso, de sus pistas,
fija el ojo y en voz pausada, 
él opina en general de tantas cosas,
muy despierto a la intuición y a la ocurrencia…

Sabe historia y geografía,
se conoce de la suerte y sus hallazgos;
él distingue cada hoja curativa,
y al final de la jornada cobra el euro,
sube a un bar y pide en un cubo las cervezas,
unas tapas, mientras sorbe en la botella algún recuerdo,
el olor a ron que le ha dejado su tierra…

El emigrante es solidario,
entre diente siempre prende la sonrisa,
el consejo lleva fresco y mil plegarias,
una causa puño en lápiz
que cuestiona en su libreta….

Si vas a alguna parte,
ves a un hombre que camina presuroso,
bolsa en mano, un ticher y pantalón vaquero,
muy lavado,
sin duda alguna: ¡Un emigrante!

Te saluda con su Hola
y sin temor a dudas él te observa a ojo grande…
Siempre el paso extraviado y da dos vueltas,
ocho veces y el lugar le sigue raro…. 
Si le ves por una cuesta,
te pregunta dónde está el ayuntamiento…

Ilústrale el sendero y píntale los labios de noticia,
entonces ve y dile pronto a cuantos metros
está la bolsa de nostalgia y la cobija…
Un hombre camina a la sorpresa,
con el vientre repleto de apetito,
un ombligo sembrado de hortalizas,
y en el patio una maceta de su nata
que le huela a legumbres de la greda…

El emigrante va un tanto despierto 
y otro sonámbulo al ensueño,
con un olor a pan y yerba entre la huella.
La brisa eleva un sol a su aposento,
resguardo de recuerdos:
¡El alma que se tupe en la promesa!

Si vas a alguna parte
y ves a un hombre presuroso, bolsa en mano…
Sin duda alguna un emigrante es el que llega.

19 de Junio, 2014.

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