ADRIAN Y YIYO
Por Sol Lora
No puedo evitarlo, ¡debo escribir un cuento!
Diré:
Hubo una vez... un amigo que tomado de la mano
con su hijo fue hasta el cielo, por aquel camino largo…’
Caminaron entre risas, caminaron sobre el llano…
y su amor fue fiel testigo de aquel que con fe buscaron…
Una escalera bajaba desde una nube de nardos,
era de oro el respaldo y escalones de topacio,
con diamantes esculpidos que señalaban el paso.
¡De la nada se abrió el cielo y un arpa sonó despacio!
Con unos ojos de asombro, entre el susto y el encanto:
- Adrian, ¿crees que es prudente que escalemos sus peldaños?-
-Papi, ¿no ves que Dios nos ha iluminado el rastro?
-¡Es cierto!- ya más tranquilo y redoblando sus pasos
escalaron hacia arriba, ¡caminaron, caminaron!
Y llegaron hasta Dios, que esperaba al pie de un árbol,
y Adrian, con su tierna voz, preguntó a Dios sin dudarlo:
-¿Es verdad, mi gran señor, que mi Papi es tu hijo?-
-Muy cierto- dijo su voz, con sus ojos sonreídos…
-Ya ves, papito querido, que Dios mismo así lo dice-
Y prosiguió sus preguntas, ¡preguntas solo de niño!
- Y entonces… ¿eres mi abuelo, o quizás serás mi primo?’
-¿Sabes Dios? él me dice a mí ‘’Papi’’, y yo siempre le reclamo…
¡La verdad es que es mi Papi, el hombre que va a mi lado!-
Era el amor tan inmenso que ni Dios pudo evitarlo,
y admirado de aquel niño, hizo fiesta en su palacio.
Celebró aquella tarde un descubrimiento extraño:
¡Era abuelo de aquel niño o quizás su primo hermano!
@ Derechos Reservados.-

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