viernes, 6 de diciembre de 2013

EL GATO ROTO ES AZUL QUE SE PIERDE EN MI JARDÍN



EL GATO ROTO ES AZUL QUE SE PIERDE EN MI JARDÍN


Por Sol Lora.



- ¿Verdaderamente crees tú que sea el mismo gato? –



- Sí, sin duda sigue siendo el mismo gato roto que se pierde en mi jardín. He visto su silueta oscura trepando por el tejado de una conciencia, y su talante es endémico, siempre me guiña con su ojo agudo, fijo en un ayer que quedó sin nombre. -



Manchada seda azul, de filosos extremos encarnados al alma. Tantas veces intentaba deshilachar los espasmos dolorosos, y como mucho conseguía precipitar las fibras en infinitas ramificaciones taciturnas, y que constantemente agrietaban el sueño de su dolor, haciendo extender la mancha sobre la pared. Intentó otras veces diluirlas con el café de la mañana, donde la cucharada removía un ligero sabor a sol, que como único conseguía estimular toda la voz en remolinos sobre el piso. Siempre cobraría vida. Siempre…



Sus dos patas, delgadas como alambres, llevaban dedos de reserva contra los cuales apretaba las sienes lado a lado, hasta lograr que los nudillos perforaran el oído en un tatuado de uñas que pronunciaba los ecos. 





- ¡Quisiera por solo una vez que se estuviera quieto! ¡Maldito gato roto! No obstante, le ha gustado girar como ruleta sangrienta, y en venganza por la estocada, ha convocado a todas las voces para que hagan sus apuestas. - 



- Estoy muy segura de que su intención es confundirte, nunca le gustaron los gatos rotos a mi loca, y sé cuánto se molesta si le espantas el silencio cuando vuela. Ese pobre animal lastimado, cabalga entre gritos, y le salen alas por las manos.-



La palabra le cuelga en los oídos, dejando a sus pájaros desbandados ante aquella sinfonía deforme, donde siempre lograba fluir de labios del gato roto, en partitura azul de noche atormentada, sobre el cuaderno. El mayor problema era medir el tiempo en que la noche se hacía más cerrada, ni siquiera en las promesas pudo hacer que sus fantasmas se marcharan; aun con aquel regreso, de extraña certeza, devolverla al mismo aullido donde todo comenzó, era improbable.



- ah, pero según puedo escuchar, me parece que sigues recordándolo. ¿Por qué esconderse entre los muros, si afuera aun está lloviendo estrellas y las luciérnagas pernoctan entre los coralillos del jardín? Si se lo pides, a ellas, puede que te presten alguna luz para tus ojos, y quizás así serás capaz de encontrarle en la ventana…-



-No es tan simple, amiga mía.- Se decía mientras la miraba en el espejo. - Ella no me dejaría, aun se empeña en demostrar que ésa voz, quebrada y contrahecha, canta en su ritual para la gata del vecino. Es preferible seguir con estos intentos por evitarle, finalmente sólo sigue siendo un estrépito más en el hueco de un desierto.- 





06 de diciembre, 2013.




martes, 3 de diciembre de 2013

EL GATO ROTO MIRA DESDE SU ESQUINA





‘’Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro’’. Alejandra Pizarnik, Madrugada



EL GATO ROTO MIRA DESDE SU ESQUINA

Por Sol Lora



Le había dejado hecho un charco bermellón a la pared, mientras sus pasos dejaban esa huella inalterable que, por todo el cobertizo, pretendía llegarme hasta el alma. 



No sé qué duele menos o qué más, si acaso darme cuenta por fin que no era a mí en su vida, y que a quien cantaba, en voz quebrada, fuera a la otra que la gata del vecino; o quizás simplemente aquel maullido deforme era tan solo el domingo de cuasimodo que me acercaba tantas veces a la paranoia brutal de alguna sombra insolente, latiendo continua en mis recuerdos.



Decidí darle vuelta atrás a la página del libro, tomarle por los pelos de punta, y sobre una hoja en blanco aislar todos mis miedos; delicadamente le saqué del manchado, -a veces da tanto trabajo quitar una infamia de la pared, que siempre queda la salpicadura-.



Se hacía tan necesario escoger el nuevo color con el qué taparle los pecados al muro. Mientras elegía de la paleta para crear un tapiz, tal vez  lo reviviría en otro sueño y el gato roto, desde su esquina, se descuajaría la sangre de aquel golpe, y en sus dos patas continuaría mirándome el asombro entre su ojo oscuro e intermitente a pardo.  ¿acaso yo era producto de aquel raro sueño de un gato tuerto?



Volvió a su aullido sombrío, a la casa de al lado; volvió para encontrar el amor que nunca fue, mientras mi oído de loca le recuerda, abandonada a sus pájaros. Aun le nombran mis labios, perdiéndolo entre el murmullo de otras voces que en la noche se alejan para quedarse en el alma recién pintada.





02 de diciembre, 2013. 






lunes, 2 de diciembre de 2013

EL GATO ROTO EN LA PARED




‘’Sin ti me tomo en mis brazos

y me llevo a la vida

a mendigar fervor’’.

Alejandra Pizarnik, en El ausente



EL GATO ROTO EN LA PARED

Por Sol Lora



Ese gato roto tiene, en su mirar tan hondo, intenciones perversas. Se detuvo, sobre el muro que bloquea mi ventana contra el patio del vecino, para arrancarse de la voz una tuerta canción…



Ya no se qué palabra tirarle a los ojos, durante el tiempo en cual le explico que hoy no me sentiré seducida por su guiño. Por el contrario, siento como una loca multicolor que de pronto se torna oscura cuando a alguien le da por pintarle aretes a sus pájaros; mientras ella, por libertad, le vuela el seso a la cordura…



Le oigo nuevamente la voz tan quebrada, y casi me da por sentarme a su lado y acariciarle los pelos de punta. Pretende entrarme por la puerta de al lado, a esta ausencia, y si le dejo ya luego no podré concentrarme en mi tristeza… 



Por un maldito instante olvidé que el dolor azul marino que ralla por mis venas es tan mío, y casi pierdo el desgano ante la imprudencia, por solo una tarde de apuesta.



Por esa razón le he sacudido un chancletazo que, justo al medio del hocico, le ha dejado pegado entre un charco bermellón a la pared, mientras mi paciencia salió apresurada a buscar dos pastillitas con qué aligerar el regreso.





02 de diciembre, 2013.