‘’Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro’’. Alejandra Pizarnik, Madrugada
EL GATO ROTO MIRA DESDE SU ESQUINA
Por Sol Lora
Le había dejado hecho un charco bermellón a la pared, mientras sus pasos dejaban esa huella inalterable que, por todo el cobertizo, pretendía llegarme hasta el alma.
No sé qué duele menos o qué más, si acaso darme cuenta por fin que no era a mí en su vida, y que a quien cantaba, en voz quebrada, fuera a la otra que la gata del vecino; o quizás simplemente aquel maullido deforme era tan solo el domingo de cuasimodo que me acercaba tantas veces a la paranoia brutal de alguna sombra insolente, latiendo continua en mis recuerdos.
Decidí darle vuelta atrás a la página del libro, tomarle por los pelos de punta, y sobre una hoja en blanco aislar todos mis miedos; delicadamente le saqué del manchado, -a veces da tanto trabajo quitar una infamia de la pared, que siempre queda la salpicadura-.
Se hacía tan necesario escoger el
nuevo color con el qué taparle los pecados al muro. Mientras elegía de la
paleta para crear un tapiz, tal vez lo
reviviría en otro sueño y el gato roto, desde su esquina, se descuajaría la
sangre de aquel golpe, y en sus dos patas continuaría mirándome el asombro
entre su ojo oscuro e intermitente a pardo.
¿acaso yo era producto de aquel raro sueño de un gato tuerto?
Volvió a su aullido sombrío, a la casa de al lado; volvió para encontrar el amor que nunca fue, mientras mi oído de loca le recuerda, abandonada a sus pájaros. Aun le nombran mis labios, perdiéndolo entre el murmullo de otras voces que en la noche se alejan para quedarse en el alma recién pintada.
02 de diciembre, 2013.
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